Alumnos de “Teleco” de la Universidad de Valladolid obtienen el bronce en el internacional Green Code Challenge

Desde hace dos años, el Green Code Lab Challenge evalúa la eficiencia de una aplicación teniendo en cuenta su gasto de energía, su capacidad de almacenaje o cómo se desenvuelve, ecológicamente, dentro de un servidor online. Los equipos concursantes tendrán que diseñar con un olfato ecológico sus propuestas y sustentarla en códigos fuente sostenibles para que su resultado sea de bajo consumo. Además, deberán ir con un ojo puesto en su propia huella de carbono… tanto en su versión web como en plataformas móviles.

En la última edición de este certamen internacional, cuatro jóvenes universitarios de la Universidad de Valladolid (Gonzalo Lara, Javier Sanz, Ana García y Mario Durántez) se han alzado con el tercer premio gracias al desarrollo en 48 exhaustivas horas de una aplicación de galería de imágenes. El equipo ha hablado con Mi Huella TIC para compartir sus experiencias.

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¿Qué os lleva a participar en el Green Code Challenge?

Todos los miembros del grupo nos encontramos cerca de terminar la carrera y no habíamos participado antes en ningún desafío de esta envergadura anteriormente. Y bueno, el primer premio era un viaje a San Francisco que nos llevó a preguntarnos un sencillo “¿y por qué no?”.

¿En qué consiste la aplicación que habéis desarrollado?

Resumiendo un poco, hemos desarrollado desde cero una aplicación de galería de imágenes similar a la que se puede encontrar en una red social, es decir, que tenga redimensión de fotografías, transición automática, selección de fotografía, etc. Sin embargo, cuenta con una peculiaridad, y es que se encuentra optimizada para reducir al mínimo el trabajo que deben realizar los ordenadores involucrados en el proceso.

¿Cómo ha funcionado el trabajo dentro del equipo?

Desde el principio ha sido muy importante el reparto de tareas, cada uno aportaba más en los lenguajes de programación en los que más cómodo se encontraba sin dejar de proporcionar ideas en el resto. Ha sido muy satisfactorio ver cómo las carencias de unos se veían apoyadas por los conocimientos de otros, de modo que nos movimos dentro de una situación en la que el equipo no tenía grandes puntos débiles.

¿Cuál fue el proceso que seguisteis hasta terminar el trabajo?

Los requisitos del desafío eran bastante concisos y, una vez analizados, nos repartimos el trabajo. De forma individual, tuvimos que desarrollar la redimensión de imágenes, la reducción al mínimo de los programas en ejecución del servidor y el formato de la galería, así como las funcionalidades que debía cumplir. Este trabajo sería la base del proyecto, que terminaría uniéndonos a todos sobre la misma pantalla en los retoques finales.

¿Qué obstáculos tuvisteis que superar?

Las mayores dificultades se debieron a que nos lanzamos a la piscina con métodos de programación y herramientas muy recientes, a las que no estábamos del todo acostumbrados. Prometían buenos resultados, pero no estaban suficientemente extendidas por Internet como para saber qué fallos nos podrían dar. Sin embargo, sabíamos que con métodos convencionales iba a ser muy difícil ganar.

 ¿Cómo repercutió en el proyecto el encontraros en una maratón de 48 horas?

Aunque teníamos la posibilidad de gestionar el tiempo para el trabajo y el descanso, no pudimos evitar terminar completamente agotados. Debido a que para cumplir el pliego de condiciones era necesario dedicar muchas horas al trabajo, no siempre avanzas al ritmo que te gustaría. Hay que reconocer que, en este aspecto, el café hizo su tarea a la perfección.

¿Qué expectativas de futuro le veis a esta aplicación?

Más que a la aplicación en sí, vemos futuro en el uso de “buenas prácticas” y consejos que usamos en el desarrollo de la aplicación y que están perfectamente documentados en Internet. Prometen un Internet más rápido y más “verde”.

¿Qué sitios web habéis consultado?

Para tener una idea general de aligerar una web, partimos de Browserdiet.com, que trae consejos útiles además de servir como índice para profundizar en las búsquedas por Google. Tambiénsamos el twitter de la organización (@GreenCodeLab) donde algunos programadores dejaban indicaciones a tener en cuenta. Por último, decidimos usar como servidor web el programa “Node.js”, en vez del tradicional “apache” (el más extendido y con más solera de Internet). Esto no lo habíamos usado nunca, pero al ver las comparativas que hay por la Red, decidimos arriesgar. Como anotación, también nos servimos de un recurso de Google para desarrolladores donde introduces la dirección de tu web y la analiza detectando cuellos de botella y consejos para solucionarlo, nos fue muy útil.

¿Cómo justificaríais su faceta ecológica?

Un código en el que se han seguido ciertos criterios de limpieza, junto con programas más livianos en el servidor y cliente, ayuda a reducir la energía implicada en el proceso de ejecución y disminuye el CO2 liberado a la atmosfera. Por ejemplo, un usuario de smartphone es consciente de que cuando se calienta el teléfono, ya sea con apps o navegando, la batería se agotará antes. Para evitar que esto pase, los programadores debemos generar código más eficiente que no cargue tanto el sistema en la medida de lo posible. Esto es importante porque Internet genera de forma indirecta una gran cantidad de gases de efecto invernadero, que podrían reducirse solo con ser más eficientes en nuestro código.

¿Qué conclusiones habéis sacado del Green Code Challenge?

El concurso nos ha obligado a ir a por todas, a sacar todos los ases que teníamos en la manga y a investigar técnicas nuevas muy rápidamente. Nos hemos dado cuenta de que el nivel de conocimientos que tenemos y el ingenio desplegado están a nivel europeo, así que cuando finalizó el desafío nos sentimos muy satisfechos.

Autor: Mi Huella TIC

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